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Pilotos
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Karl Jochen Rindt Nunca imaginó Karl Jochen Rindt que el destino le iba a quitar más cosas de las que le iba a dar. Desde pequeño sufrió la ausencia de sus padres (quienes murieron en medio de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en Alemania) cuando tenía tan solo 15 meses. Bajo la crianza de sus abuelos maternos se trasladó a Graz, donde le hicieron adoptar la nacionalidad austríaca. Rindt creció con una personalidad muy fuerte, rebelde y era muy raro verlo con una sonrisa. Todo esto se fue acrecentando, ya que durante su niñez y juventud sus abuelos le concedieron todos sus caprichos para que no se notara la falta de sus progenitores. Así fue que por un pedido casi a gritos tuvo su primer Jaguar Sport con el que inició su campaña deportiva. En Goodwood, sintió arriba de su auto el placer de la velocidad, de lo incierto, y decidió con todas sus ganas que pasaría el resto de su vida como corredor. Fue en su país que a bordo de un Alfa Romeo Giuletta TI 1300 consiguió sus primeros triunfos, pero más importante aún fue que su nombre comenzó a resonar por todo el ambiente automovilístico. En 1963 decidió probar suerte con los monopostos y gracias a la ayuda de Barry Bland compitió en la Fórmula Junior.
Sus comienzos no fueron los esperados ya que en su debut, nada menos que en Austria, tuvo que abandonar cuando piloteaba un Brabham-BRM. No siempre sus abandonos eran por problemas mecánicos, sino que muchas veces abandonaba por voluntad propia cuando veía que no podía sumar puntos. "Para mí no tiene sentido seguir en la pista si ya no tengo posibilidades de vencer", añadió en varias oportunidades. Los fines de semana competía con la F-2 y por sus reiterados triunfos se ganó el apodo de "Rey de la Fórmula 2". En 1964 ganó, junto a su compañero Masten Gregory, las 24 Horas de LeMans.- Su gran salto fue cuando llegó a la escudería Lotus, al ser convocado por Colin Chapman para ocupar la butaca del fallecido Jim Clark. El cambio no le modificó su forma de pensar y cuando tuvo que criticar a su equipo lo hizo sin pelos en la lengua, algo que con otros pilotos no pasaba. Jochen Rindt consiguió su primera victoria en la carrera de Watkins Glen, pero casi no hubo festejos porque en un accidente Graham Hill, su coequiper, había sufrido las fracturas de sus dos piernas. Luego vinieron los triunfos en Mónaco, Holanda, Francia, Inglaterra y Alemania. 1970 tenía que ser su año y por eso Chapman puso a su servicio el magnífico Lotus 72. "Me están saliendo las cosas tan bien, que me da miedo", les confesó una vez a sus más allegados. Y el destino parecía darle la razón cuando unos días antes (justamente en el Gran Premio de Austria) debió abandonar debido a que el motor de su auto se había roto. Pero el 4 de septiembre fue cuando se vio cara a cara con la muerte. Su Lotus hizo una pirueta inexplicable al encarar la curva Parabólica de Monza, a más de 170 km/h. Luego de un zigzagueo en el momento del frenaje comenzó el despiste con el posterior impacto de frente contra las vallas de contención, y el retorno a la pista. Bernie Ecclestone, su amigo y manager comprendió lo sucedido cuando vio que Rindt no salía del auto. Al llegar al lugar del hecho lo vio inconsciente y sangrando. Enseguida una ambulancia lo trasladó al hospital de Monza, pero no sirvió de nada. Jochen Rindt había fallecido.
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