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Un periodista prueba un F1

Segunda parte:

"Así es como lo hacemos" dijo Pizzonia...

Antonio Pizzonia es probablemente un poco mas bajito de lo que te imaginas, y posiblemente algo mas robusto también. Como tiene 22 años, podrías llamarlo un cachorrillo gordito -en la manera más cariñosa. Pero no importa cuán diferente pueda parecer del modelo de piloto de Fórmula 1 tradicional, Pizzonia todavía tiene esa sonrisa de piloto de carreras. Y sobre todo, la forma de caminar de un piloto de carreras.

Cuando habla, te mira directamente a la cara, y para empezar puede ser un poco intranquilizador. Es como si quisiera derrotarte psicologicamente, a pesar de que el tema de conversación no sea otro que su momento preferido para tomarse un té con pastas por la mañana. Pero pasa más de 5 minutos en su compañía y rápidamente te das cuenta de que no hay nada inseguro o amenazador en este muchacho, simplemente es así.

Y cuando hablas, el escucha. Intensamente. Como si cada palabra estubiese siendo escaneada y metódicamente procesada, y sólo después de esto, como respuesta sigue una larga pausa perturbadora. La gente que ha conocido a Senna, reconocen en Pizzonia unas maneras tan iguales que casi asustan. La misma calma, la misma estoica entrega y sinceridad. Algunos incluso reconocen que se centra en sus objetivos aun más que el propio Mito.

Rugiendo por el Circuit de Catalunya en un flamante S-Type R recién estrenado, mirando sus ojos moverse en ráfagas desde el punto de frenada al apex de la curva y seguidamente al cambio de marchas, y nuevamente a mi para darme otro consejo sobre la trazada, la verdad es que estaba más que contento de su reputación.

Aunque no yendo absolutamente al máximo, no iba de paseo precisamente. Los pianos eran pisados, martilleando el apex de las curvas, y de vez en cuando, el V8 turboalimentado del S-Type era sometido a una apropiada tortura al más puro estilo brasileño. No pocas veces llevó las revoluciones hasta el limitador en una marcha para, con su mano izquierda, cambiar suavemente a una relación superior en el J-gate. Y bajo frenada, las reducciones eran ejecutadas a la perfección, también de forma manual, mientras su pié izquierdo eliminaba velocidad.

"Este realmente es un gran circuito para pilotar un Fórmula Uno" me dijo, mientras salíamos del viraje tres grácilmente de lado, aparentemente uno de los mejores y más dificiles de todo el calendario de la F1.

"Hay un buen montón de virajes rápidos en este circuito que suponen un reto, como este por ejemplo (viraje 3). Y además, un par de grandes puntos de frenada, donde el coche se estruja bastante al límite"

"El viraje uno es sensacional de negociar con un F1. El poder de frenada es increíble. Y también aquél de allí" dijo, apuntando hacia el primer trío de horquillas de segunda marcha de la pista de Barcelona. "La frenada también es fuerte, y el coche va ligero de atrás a no ser que frenes realmente fuerte. En resumidas cuentas creo que lo disfrutarás". Qué duda cabe.

El motivo de que estuviese sentado con Pizzonia no era para cumplir ningún sueño de mi vida de ser llevado de paquete alrededor de un circuito de GP por un piloto de GP: la verdad es que soy un mal pasajero, y con todos los respetos a mi sobrecualificado chofer, hubiese preferido quedarme en el hotel, relajandome con un baño caliente, pensando en como no hacer de mi un bufón el día siguiente.

Pero precisamente por cosas de la vida, ahí me encontraba. Pizzonia debía hacer unas cuantas vueltas, conmigo de pasajero. Luego conduciría yo el S-Type. De esa forma conocería un poco más la pista antes de subirme al R3.

Pero hasta los planes mejor preparados pueden salir mal. En la primera vuelta, aunque era evidente que Pizzonia sabía lo que hacía, no es menos evidente que nunca antes había conducido una gran berlina, de ahí los gruñidos de sorpresa que hizo cuando el coche dejó de responderle a través del viraje final. Entramos colados casi medio metro, saliendo del piano de salida con un subviraje que casi nos hace besar la grava.

Fin del drama, dijimos sonriendo aún con el susto encima, pensando si alguien en el pitlane se habría dado cuenta. Cruzando la línea de meta Pizzonia incluso dijo las inmortales palabras: "Este es un coche rápido, ya sabes - rápido."

Pero entonces, cuando dejamos atrás la señal de frenada de los 200m del primer viraje, aun Antonio con el pié en la tabla en la última marcha y claramente creyendo que el Jaguar iba a poder pararse fácilmente en la próxima curva, toda conversación cesó. Finalmente pisó el freno. Y hacia la escapada de grava salimos, volando por el aire de culo contra el muro de neumáticos, y abajo. Whumpf, bang, crunch.

Salimos bien, que al final es lo que importaba. Pero debo admitir que no es el tipo de warm-up que esperaba antes de pilotar un coche de Fórmula Uno.

En un coche de calle, por lo menos, Pizzonia aun esta un poco lejos de emular al más Grande y Único.

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