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Relatos
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1989, un año de F1 con Luis Perez Sala - Capitulo 7 Con la cabeza bien alta La verdad es que llegué a Portugal con mucho optimismo y con la moral a tope tras el resultado que obtuve en Monza. Ya en los primeros éntrenos libres se confirmó que nuestros coches, y en especial las gomas de calificación de Pirelli, eran bastante competitivos en Estoril. El sábado estaba seguro de poder bajar mi tiempo, pero un fallo eléctrico me impidió rodar prácticamente durante toda la sesión libre, y se volvió a repetir en la manga oficial, por lo que no tuve más remedio que usar el muleta Me sorprendió lo bien que iba de estabilidad, pero, aunque arriesgué bastante, no pude rebajar el registro del día anterior, ya que la pista estaba más lenta y hacía más calor. En la parrilla del domingo, el ver tan pocos coches delante supuso una sensación tan curiosa como gratificante. En la arrancada aceleré más de la cuenta, y me quedé patinando un poco, lo que me costó que me pasaran los Brabham. No me preocupó mucho en principio, pues quedaba mucha carrera por delante, aunque más tarde lo que sí me preocupó fue ver cómo resbalaba mi coche. Módena, delante mío, tenía los mismos problemas, y empecé a sentir bastante rabia viendo cómo íbamos perdiendo puestos. El coche era delicadísimo de conducir, pero aunque en algún momento pensé en parar a cambiar gomas, más tarde me incliné por seguir luchando en pista, pues era posible que los que me habían pasado hubieran salido con ruedas blandas. Conseguí hacerme con Módena, y luego me peleé con Warwick, que saliendo de mi rebufo me dio un toque en una rueda con su alerón delantero. Intenté comunicar con el box para entrar a cambiar neumáticos, pero la radio estaba rota, así que me arriesgué a entrar aun sabiendo que tendría que montar ruedas frías (las que están siempre en pit-lane para cualquier imprevisto). Tras el cambio, y después de calentarlas —lo que me costó perder algún tiempo extra—, el Minardi mejoró sensiblemente, y pude rodar mucho mejor y contener a Arnoux y Módena, que pretendían “robarme” la decimosegunda plaza. Al final el resultado, a tenor de los errores obtenidos en los éntrenos, no fue todo lo bueno que esperaba, pero me quedé contento, pues terminé el Gran Premio muy bien físicamente y, además, los dos puntos de Martini suponen que el equipo esté prácticamente fuera de las precalificaciones el año que viene. Tenía muchas ganas de llegar a Jerez para disputar la carrera que más ilusión me hace de todo el año. Además, habían organizado un torneo de golf para los pilotos de Fórmula 1 en el nuevo campo de Santi Petri, cerca de Jerez, que lo ha diseñado Ballesteros. Me divertí mucho, y el jueves, bastante relajado, me dediqué a recorrer a pie el circuito y a atender algunos compromisos urgentes. Uno de ellos era conseguir pase a un superaficionado de Linares, Manolo Mena, que me lleva llamando a casa desde que corría en la F-3, y que es uno de los pocos a los que saludan y reconocen pilotos como Prost y Mansell. También conseguí algunos para la gente de la Ciudad de los Muchachos de Leganés, y para Tío Alberto en particular, pues admiro mucho la labor que hace con los niños en esa institución. En medio de mis problemas, hacer que amigos así puedan disfrutar de la Fórmula 1 viéndola desde dentro me da mucha alegría. En los éntrenos del viernes, se confirmó, como en Portugal, que los Pirelli de calificación iban bastante bien, aunque sólo pude hacer el decimosegundo tiempo. Sabía que podía bajar, pues llevaba mal los desarrollos del cambio y me pilló bastante tráfico. En la segunda sesión oficial, el coche se rompió cuando salía a pista (un muelle de válvula) y tuve que usar el muleto. A pesar de todo, la cosa no salió tan mal, y tras varias intentonas, hice una vuelta buena, aunque me pasé un poco de frenada en una curva y perdí algunas décimas, lo que me dio bastante rabia, pues las veces anteriores me había encontrado tráfico cuando intentaba hacer tiempos. En el Warm-up nos dimos cuenta de que las ruedas de carrera no iban tan bien como las de calificación, y por tanto éramos más lentos que los Goodyear. En el briefing, todos esperábamos, tras lo ocurrido en Portugal, que Balestre nos echara una reprimenda, pero se mostró irónico e incluso gracioso, diciendo que las arcas de la FISA habían recibido fuertes ingresos en el país vecino, y que no sabía qué hacer con tanto dinero recaudado por multas. En la parrilla, el secretario de Estado para el Deporte, Gómez-Navarro, y el presidente de la FEA, Carlos Gracia, vinieron a desearme suerte, un detalle que se agradece bastante cuando se trabaja duro. Por lo demás, la carrera fue difícil. Al principio el coche deslizaba un montón, pero aguanté bien a Boutsen, sin perder rueda de De Cesaris, Warwick y Lehto. Luego, cuando cambié neumáticos, antes de lo previsto, el coche fue mejor, y empecé a rodar más rápido remontando bastante bien. Más tarde pasé a Piquet, y di alcance a Gugelmin que iba noveno. Me hizo de tapón durante bastante tiempo. Estuve varias vueltas detrás suyo sabiendo que me estaba retrasando. En cuanto vi hueco me intenté colar, quizás asumiendo un riesgo excesivo, nos tocamos y nos fuimos los dos fuera, pues me metió un buen “cerrozajo”. No creo que me precipitara, pues tenía que pasarlo si quería aspirar a los puntos, y creo que podía haber terminado en ellos. Fue una lástima, pues estaba haciendo una buena carrera, y llevaba las ruedas bien para seguir atacando. Cuando me bajé del coche los aplausos de la gente me emocionaron, y me ayudaron a pasar mejor el mal trago. Me gustaría aprovechar estas líneas para agradecer a los aficionados, a los medios de comunicación y a mis sponsors el apoyo que me han dado, y espero que, aunque no acabara la carrera, disfrutaran mientras estuve en pista.
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