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Relatos
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1989, un año de F1 con Luis Perez Sala - Capitulo 6 Pasados por agua Como es habitual en Spa, los entrenamientos comenzaron bajo una inmensa lluvia. Muchos piensan, no sé si por mi victoria de Birmingham en Fórmula 3000 o por otras carreras que corrí en agua con anterioridad, que estas condiciones tan difíciles me van bien, pero yo lo que creo sinceramente es que la lluvia me favorece sólo cuando tengo un coche que me da confianza. Y, desgraciadamente, en Bélgica, el coche no iba nada bien, no tenía motricidad y era muy «saltarín»; una delicia. El sábado, en la primera manga libre, probé los compuestos de carrera y los de calificación. Conseguí hacer el decimocuarto tiempo, una décima por delante de Martini, y esperaba tener una buena actuación en los oficiales. Sin embargo, las cosas volvieron a ir mal, y cuando estaba rodando con mi primer juego de calificación se rompió la suspensión trasera justo en la zona más rápida del circuito, en una curva que se hace a unos 300 km/h. No sé cómo lo hice, pero logré controlar el coche, aunque me llevé un susto estupendo. En boxes me arreglaron la avería y logré marcar en vigésimo segundo tiempo. En la siguiente manga oficial tuve que arriesgar al máximo, y al final logré bajar el crono y me clasifiqué, mientras los dos Lotus se quedaban fuera. Tal y como habían ido las cosas, decidí jugármela para la carrera. El coche en agua era inconducible, así que monté reglajes de seco, pues si llovía no tenía nada que hacer de ninguna manera, y sí la pista de secaba a mitad de carrera podría pillar por sorpresa al resto de la gente, que iría con reglajes de agua. Sin embargo, para variar, la suerte no me acompañó, y llovió prácticamente durante todo el Gran Premio. Sólo dejó de caer agua a cinco vueltas del final, cuando mis gomas estaban ya hechas polvo. La carrera, en estas condiciones, fue un auténtico suplicio, porque con la suspensión tan dura el coche era realmente complicado de conducir, y hasta en las rectas, con los charcos, pasaba apuros para mantenerlo derecho. Aun así, conseguí terminar, aunque muy retrasado, lo que supuso una gran satisfacción para mí. De regreso a Italia, no sabía lo que me iba a deparar la carrera de Monza. La recordaré toda mi vida como una de las más complicadas y duras de mi trayectoria deportiva. Al final, sin embargo, todo terminó felizmente, y conseguí uno de los mejores resultados que he obtenido hasta el momento en la categoría reina. Lo más importante, además, ha sido saber superar todos los problemas sin perder la serenidad, viviendo una gran experiencia, aprendiendo mucho y haciendo una buena carrera. El sábado, bajo la lluvia, salí a probar en los libres unas nuevas gomas que Pirelli había preparado para agua. Nada más pisar la pista empecé a «alucinar». Aquello se aguantaba increíblemente, y todos los sufrimientos que había pasado en Bélgica para rodar en agua, en Monza se convirtieron en un gustazo. Estaba encantado, y haciendo unos tiempos «cañón». Sin embargo, cuando ya volvía a boxes, después de haber disfrutado como un enano, el coche me dio una espantada de atrás y me salí en Ascari. Les pasó a muchos ese día, pero yo, siguiendo con mi mala racha, me di contra el guardarraíl y me cargué el chasis nuevo. Es difícil describir lo que sentí cuando me bajé del coche y vi el desastre. Además, para colmo, mientras me recogían, pude oír por los altavoces que tenía el mejor tiempo. ¡Cuatro segundos más rápido que el siguiente! La situación, una vez llegué a boxes, fue muy curiosa. Yo intentaba asimilar el destrozo y, mientras, en el monitor, mi nombre encabezaba la lista, con un tiempo que tardaron mucho en bajar, cuando se secó la pista. Después, tuve que salir a jugarme la clasificación, con el muleto, y con poco más de media hora por delante. Logré el vigésimo-séptimo tiempo, y entré en parrilla tras la descalificación de Módena. El domingo estaba bastante preocupado. El coche no tenía adherencia y patinaba por todas partes. En las primeras vueltas de carrera pasé los mismos problemas, pero como vi que los que llevaba delante estaban igual, me esforcé a tope, como si aquello funcionara bien. Pasé a Gugelmin y a Gachot, alcancé a Arnoux, y también cayó. La conducción era difícil, pero me fui acostumbrando y cogí ritmo, viendo que el grupo de delante, con los dos Dallara y Martini, no se me iban, lo que me animó bastante. Sin embargo, a mitad de carrera volví a tener problemas de adherencia, y bajé el ritmo para refrigerar las gomas mientras avisaba a boxes para que prepararan un posible cambio de ruedas. No hizo falta y pude seguir sin cambiar neumáticos aunque al final, a tres giros del banderazo, el coche comenzó a vibrar, y levanté el pie porque creía que se rompía. Como llevaba bastante ventaja a Arnoux, cuando vi a Prost en el retrovisor decidí esperar a que me doblara, para dar una vuelta menos y ponerme a salvo de una rotura. Conseguí acabar, y, lo que es mejor, terminar octavo, poniendo un buen final a un fin de semana lleno de complicaciones.
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