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Relatos
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1989, un año de F1 con Luis Perez Sala - Capitulo 1 A seguir trabajando Desde que estoy en la Fórmula 1 pocas veces he tenido tan bien preparada una carrera como este G.P. de Brasil, y pocas veces me ha sentado tan mal un abandono. Tenía, prácticamente, todo previsto, hasta el más pequeño detalle, ya que había podido hacer tres pruebas con depósitos llenos la semana anterior y estaba muy satisfecho con la elección del compuesto de gomas y la puesta a punto del Lols-Minardi para carrera. En cambio, para entrenamientos oficiales, el coche no acababa de ir bien, pero confiaba en poder clasificarme. Tras los entrenamientos previos de la semana anterior al G.P. y mientras llegaban los oficiales, me di un respiro y jugué un par de partidas de golf con Prost y Alliot. El “profesor” me ganó por un golpe en el último hoyo peor no me disgustó en absoluto, porque pasé una mañana muy agradable y comprobé que, además de un gran piloto, es una extraordinaria persona. A Alliot le gané bien y disfruté mucho. La espera hasta el viernes se me hizo un poco larga, pero me encontraba a tope en todos los sentidos. La primera sesión oficial no fue mal. Como no había probado los neumáticos de calificación, decidí no ir al límite absoluto y reservarme para atacar con más seguridad el sábado. Hice vigésimo primero, a siete décimas de Martini, pero sabiendo que podía bajar medio segundo más. El sábado, dediqué los libres a volver a probar los tres compuestos de gomas de carrera, confirmando otra vez los resultados anteriores. Con el 073, el compuesto medio, mi Lois-Minardi iba muy bien, y además podía hacer la carrera con sólo un cambio de ruedas. A veinte minutos del final se rompió un anclaje de la suspensión, partiendo la carcasa del cambio, y a pesar del buen trabajo de los mecánicos sólo puede rodar veinte minutos en los oficiales. El coche ya no iba igual, y no me daba confianza. Se había montado la carcasa del año pasado con la suspensión nueva, y había cambiado mucho el comportamiento del monoplaza. Usé los dos juegos de calificación sin poder bajar, pero gracias a que en los Pirelli, una vez usadas, se puede raspar la capa degradada y no pierden mucho, volví a salir y jugándomela bajé una décima en el último minuto, clasificándome vigésimo tercero. No me importaba mucho salir un poco más atrás, porque confiaba a fondo en la carrera. Martini había bajado otro medio segundo, pero, en cambio, con depósitos llenos, era un segundo más lento que yo. Estaba seguro, además, de que a otros pilotos que se habían concentrado en hacer tiempo les pasaría lo mismo. El domingo, cuando a las 6,30 sonó el despertador, me levanté como un disparo, dispuesto a comerme la pista. Sin embargo, la mano negra que últimamente me persigue volvió a hacer de las suyas. El coche, con los mismos reglajes y gomas que había probado cinco veces con resultados positivos, ahora, misteriosamente, estaba desequilibrado. ¿Un juego de ruedas raro? ¿La carcasa de cambio?... o simplemente que la pista estaba 20° más fría a las 8,30 de la mañana. Decidí no comerme el «coco» y empecé a frotarme las manos cuando vi después que la pista se ponía a casi 60°. Estaba seguro de que con un cambio de ruedas podía hacer la carrera al ataque. Salí con la moral otra vez a tope, pero no tuve tiempo de comprobar si había acertado. Un frenazo de Grouillard en una zona de aceleración, cuando me salía de su ala para pasarle, me dejó K.O. a 500 metros de la salida, con la suspensión delantera rota. La rabia que sentí es difícil de describir, a pesar de que siempre acepto lo más fríamente posible todos los reveses. Por si fuera poco, el resto de los equipos Pirelli (todos habían elegido un compuesto más blando que yo) entraban enseguida en boxes con las ruedas degradadas, y Martini, que fue el único que siguió mi elección, se bajó del coche diciendo que iba de cine con ese compuesto. En fin, la Fórmula 1 es así, y los malos tragos hay que olvidarlos pronto. Ahora a esperar que el nuevo Lois-Minardi que saldrá en San Marino nos dé muchas satisfacciones. Yo, desde luego, no voy a cambiar mi sistema de trabajo, y aunque me retrase un poco en la parrilla confío en que al final me dará resultado.
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