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Historia
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LA HISTORIA DE ENZO FERRARI LAUDA Y VILLENEUVE: ASÍ CONQUISTARON AL DRAKE Muy diferentes entre sí,ambos sensibilizaron al fundador de Ferrari,el primero le dió dos títulos mundiales,el segundo,una manera generosa,impetuosa y valiente de pilotar y competir.Tal vez representaron los últimos capítulos emocionantes para el señor de Maranello. ¿Se puede amar dos cosas que son una la antítesis de la otra y seguir siendo siempre la misma persona? Sí,se puede; o al menos pudo Enzo Ferrari,que,en unperíodo de menos de cinco años entre uno y otro,fue el mayor entusiasta de dos pilotos que eran como el agua y el aceite,el hielo y el fuego: Niki Lauda y Gilles Villeneuve. En las carreras expresó enseguida dotes de seguridad y determinación”. Lo de la segunda mitad de los años setenta fue una gran etapa para Ferrari.Niki Lauda perdió el mundial de 1976 por el terrible accidente de Nürburgring,en el que fue salvado por el coraje de Arturo Merzario,y llegó segundo, a tan sólo “un suspiro” de James Hunt, un rubio inglés amante de la dolce vita,con mucho talento y mucha suerte. Mas tarde,en 1978, Ferrari se reencontró con un monoplaza, el 312 T3, tal vez no tan competitivo como el 312 T y T2 de 1975 y 1977, pero,sobretodo, perdió en el equipo a un líder del calibre de Lauda,y así la Casa de Maranello volvió a caer en la mediocridad (segunda en el Mundial de Constructores detrás de Lotus y tercera con Reutemann en el Mundial de Pilotos). Pero sólo fue por un corto espacio de tiempo,porque en 1979 Jody Scheckter le devolvió la satisfacción del primer puesto en el Mundial de Fórmula 1. Y llegamos a una nueva época: la era de Gilles Villeneuve,canadiense con una voluntad de hierro,con pasión por el vuelo,no sólo en helicóptero o avión,sino tambien en automóvil,a juzgar por el número de “vuelos” que su rojo monoplaza realizó en los cinco años que Villeneuve estuvo en Maranello,desde finales de 1977 hasta el 8 de mayo de 1982,cuando,en las pruebas de Zolder,Bélgica,su monoplazo chocó con el March de Mass y “despegó” por última vez. Gilles,como simplemente lo llamaban todos,entró inmediatamente en el corazón de Enzo Ferrari,porque le recordaba a ciertos pilotos de otros tiempos,ante todo,al grandisímo Tazio Nuvolari,que pilotaba más con el corazón que con el cerebro.Gilles siempre daba “el 110 por ciento”,y jamás ningún otro piloto enardeció a los forofos del equipo del Cavallino como en los años en que estuvo él,pequeño,esmirriado,con los ojos tristes,al volante de aquellos monoplazas potentes pero no demasiado competitivos. Gilles obtuvo seis victorias con los monoplaza del Cavallino,pero no fueron éstas las que entusiasmaron de Enzo Ferrari.Fue su personalidad: Gilles saltaba del coche de F1 a un Fiat 124 siempre al límite y derrapando,del volante a la palanca de mando de un avión o de un helicóptero o al timón de una lancha,siempre listo para el desafío,como cuando repitió la confrontación ya vivida por Nuvolari: el coche contra el avión (un caza a reacción). |
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